San Valentín 2026: Dos gafas, un eclipse y alguien con quien compartirlo

San Valentín 2026: Dos gafas, un eclipse y alguien con quien compartirlo
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Hay cosas que pasan una vez en la vida: un primer amor, un viaje que no te deja impasivo, ese momento en el que algo encaja y dices: “vale, era por aquí”. Y luego está el eclipse de Sol.

El próximo 12 de agosto el cielo va a hacer algo bastante épico: la Luna se va a colocar justo delante del Sol y, durante unos minutos, el día se convertirá en noche. No metafóricamente. Literalmente.

Y no, no es “postureo” astronómico. Es uno de los fenómenos más espectaculares que podemos ver desde la Tierra.

Cuando el universo afina la puntería

Pero lo más fascinante del eclipse total es que depende de una casualidad cósmica que roza lo absurdo. El Sol es unas 400 veces más grande que la Luna, pero también está unas 400 veces más lejos. Resultado: desde aquí abajo, ambos parecen tener el mismo tamaño en el cielo. Y gracias a esa casualidad universal, la Luna puede cubrir completamente el disco solar.

Cuando eso sucede, proyecta sobre la Tierra su sombra más oscura (la umbra). Si estás dentro de esa franja —la famosa “zona de totalidad”— vivirás el momento completo: el Sol desaparece, la temperatura baja, el ambiente cambia y aparece la corona solar, esa especie de halo luminoso que normalmente no podemos ver porque el brillo del Sol lo tapa todo.

En otras palabras: durante unos minutos, el mundo baja la intensidad; los pájaros se desconciertan; las sombras se vuelven raras; incluso algunas estrellas se dejan ver. Y tú estás ahí, mirando hacia arriba, pensando: “wow”. Y lo más increible: cada eclipse es distinto. Cambia la trayectoria, la duración, la altura del Sol, el lugar desde donde lo mires. No hay dos iguales. Es un evento irrepetible. Como los buenos momentos de verdad.

Mirar sí. Pero con cabeza (y con gafas)

Aquí viene la parte menos romántica pero bastante importante: mirar al Sol sin protección puede dañar la retina de forma permanente. Y lo peor es que no duele ni avisa. De un momento a otro… ¡Y sin darte ni cuenta!

De hecho, solo durante los minutos exactos de totalidad, cuando el Sol está completamente cubierto y solo es visible la corona, puede observarse a simple vista, y únicamente si estás dentro de la franja correcta. En cualquier otra fase, aunque el Sol esté “casi tapado”, necesitas gafas certificadas con filtro homologado (ISO 12312-2).

Por eso este San Valentín decidimos regalar algo útil. Dos gafas certificadas para el eclipse del 12 de agosto. Para que lo veas bien, para que lo compartas con quien tú quieras y para que el único deslumbramiento sea emocional. Porque el amor puede nublarte la vista… pero el eclipse no debería hacerlo.

Cuando todo se alinea (y tú estás ahí)

A lo largo de la historia, los eclipses se han interpretado como señales divinas, presagios, mensajes del más allá. Hoy sabemos que son pura mecánica orbital. Podemos calcularlos con décadas de antelación. Sabemos exactamente cuándo y dónde van a ocurrir. Y aun así, cuando llegan, nos siguen haciendo sentir muy pequeños.

Miles de personas mirando al cielo al mismo tiempo. Un silencio raro. Algo irrepetible.

En ingenyus* trabajamos con algo parecido: la forma en que miramos. La alineación entre lo que somos y lo que proyectamos.

Y las cosas extraordinarias —como la ciencia, como el amor, como esos momentos que te recolocan— se disfrutan mucho más cuando se comparten. Nosotros ya sabemos con quién queremos mirar el cielo ese día: con vosotros.

Porque mirar bien también es una forma de querer.

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Paola Sight Morelli

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